Comunidad

Fallece pescador en Bahía herido tras no reunir dinero para tratamiento

La comunidad pesquera de la región se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Julio César Sánchez Delgadillo, conocido cariñosamente como “El Cholo”, quien perdió la vida este martes tras 48 horas de luchar por sobrevivir a un brutal accidente marítimo en la playa de Guayabitos.

Lo que comenzó como una jornada ordinaria de trabajo para sostener a su familia, terminó en una tragedia marcada por circunstancias poco claras y una cadena de posibles omisiones que hoy indignan a sus compañeros.

El pasado domingo 11 de enero, “El Cholo”, originario de La Peñita de Jaltemba, intentaba introducir su embarcación al mar en condiciones de fuerte oleaje. En medio de maniobras que se vieron complicadas por el mar picado, un mal movimiento lo dejó expuesto a la parte posterior de la lancha, donde las hélices del motor fuera de borda alcanzaron sus extremidades inferiores, provocándole heridas de corte graves que más tarde requirieron la amputación instantánea de ambas piernas.

La comunidad reclama con amargura que, pese a las condiciones evidentes de peligro por el estado del mar, ninguna autoridad marítima o de Protección Civil impidió el embarque, permitiendo que los pescadores se arriesgaran en una zona de alta peligrosidad ese día.

La tragedia de César no terminó en la arena. Tras ser auxiliado por servicios de emergencia mientras perdía grandes cantidades de sangre, fue trasladado de urgencia a un hospital en Bahía de Banderas. Este trayecto, considerado por muchos como demasiado lejano para la gravedad de las lesiones, fue solo el inicio de un calvario financiero.

Para intentar salvar su vida, la familia y la comunidad organizaron kermeses y colectas de urgencia, pues el pecador necesitaba 500 mil pesos para usar un aparato médico especializado que permitiera la circulación de su sangre.

A pesar de los gritos de auxilio en redes sociales, la comunidad denuncia con dolor que ningún político, autoridad ni personaje de solvencia económica se acercó para brindar el apoyo necesario, por lo que no hubo oportunidad de tratarlo, dejando la vida del pescador y activista de la tortuga marina a la suerte de la caridad pública que, lamentablemente, no logró reunir la cifra a tiempo.

Julio César no solo era un pescador; era un incansable activista por la protección de la fauna marina, habiendo prestado servicios voluntarios en los campamentos tortugueros El Naranjo y Guayabitos.

Su muerte deja un vacío irreparable y una pregunta punzante en la región: ¿cuántas tragedias más deberán ocurrir en las costas antes de que existan protocolos de seguridad estrictos y una respuesta médica inmediata para quienes alimentan a este municipio con su trabajo diario?

Hoy, su único consuelo es que ya no sufre más, mientras su familia enfrenta no solo el duelo, sino las deudas de un traslado y atención médica que no pudieron devolverle la vida.