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En el ojo senador Pavel Jarero tras acusaciones de EE.UU. contra su amigo Enrique Inzunza

Las acusaciones presentadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza Cázarez y otros funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa abrieron un nuevo frente político dentro de Morena, no sólo por la gravedad de los señalamientos, sino por las relaciones públicas y políticas que los involucrados han sostenido con otros actores del oficialismo en la región, entre ellos el senador nayarita Pavel Jarero.

De acuerdo con el comunicado de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, los señalados habrían colaborado presuntamente con el Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de narcóticos hacia Estados Unidos, cargos que Rocha Moya ya negó públicamente. En ese contexto, el senador por Nayarit, Pavel Jarero Velázquez, comenzó a ser observado políticamente por su cercanía pública con Enrique Inzunza Cázarez, actual senador de Morena por Sinaloa y uno de los nombres incluidos en la lista difundida por autoridades estadounidenses.

La relación entre ambos no constituye por sí misma una prueba de participación en delito alguno; sin embargo, en un escenario donde las investigaciones apuntan a presuntas redes de protección política, seguridad pública y operación institucional, la foto pública entre legisladores cobra un peso político inevitable, sobre todo cuando ha sido frecuente y en el terreno de la amistad.

El propio Inzunza publicó el 28 de abril del 2025 una imagen desde el Senado de la República en la que aparece acompañado de Pavel Jarero y Heriberto Aguilar, a quienes llamó “compañeros y amigos senadores” de Nayarit y Sonora. La publicación, que no es la única junto a Pavel Jarero en ese tenor, cobra fuerza ahora que los señalamientos de Estados Unidos se conocen.

Lo que coloca a Jarero en una zona de escrutinio público: no como acusado, sino como figura política cercana a uno de los personajes que hoy enfrenta una acusación internacional de alta gravedad.

Hasta ahora, no existe información pública que señale formalmente a Pavel Jarero en la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos, ni elementos conocidos que lo vinculen directamente con los hechos atribuidos a Inzunza o al grupo de funcionarios sinaloenses mencionados.

Por ello, cualquier insinuación de responsabilidad penal contra el senador nayarita sería irresponsable sin pruebas. Lo que sí existe es una pregunta política legítima: qué tan estrechas son las relaciones de Jarero con Inzunza y si esa cercanía obliga al legislador de Nayarit a fijar una postura clara frente a un caso que ya escaló a nivel internacional.

La controversia también golpea al discurso de Morena, partido que ha construido parte de su narrativa pública sobre el combate a la corrupción y la separación del poder político respecto de intereses criminales. Las acusaciones contra funcionarios sinaloenses —entre ellos un gobernador, un senador, un alcalde y mandos de seguridad— plantean un desafío mayor para el oficialismo, pues no se trata de señalamientos menores ni de rumores locales, sino de una acción judicial anunciada por autoridades estadounidenses.

En el caso de Pavel Jarero, el punto crítico no es afirmar que forma parte de una red delictiva, sino exigir claridad política. Si su cercanía con Inzunza fue sólo legislativa, partidista o de amistad pública, el senador puede explicarlo sin rodeos. Pero guardar silencio en medio de una acusación de esta magnitud puede alimentar sospechas, sobre todo cuando el caso involucra presuntos vínculos entre poder público, campañas, seguridad y narcotráfico.

Por ahora, Jarero no aparece como acusado ni requerido por Estados Unidos. Pero su nombre entra al debate público por una razón concreta: su relación visible con Enrique Inzunza, hoy señalado por autoridades estadounidenses. En política, las amistades no prueban delitos; pero cuando una investigación internacional sacude a un círculo de poder, las cercanías sí obligan a dar explicaciones, o por lo menos, a probar que no hay un vínculo más allá de la foto.