Nuevamente, Gobierno de Nayarit y federal presentan “maravillas de humo” por Aeropuerto de Tepic
El Gobierno de Nayarit y la información difundida a partir de sus propios datos volvieron a presentar al Aeropuerto Internacional Tepic–Riviera Nayarit como uno de los grandes proyectos de conectividad del estado. Según esa narrativa, la terminal registra un crecimiento de 44 por ciento en el número de pasajeros entre enero y mayo de 2026, opera actualmente con seis rutas —tres nacionales y tres internacionales— y se perfila para alcanzar hasta un millón de usuarios en los próximos dos años.
La versión oficial habla de una obra estratégica para transformar la conectividad aérea de Nayarit, fortalecer el turismo, atraer inversión y abrir una nueva puerta de entrada al Pacífico mexicano. También se ha presumido que el proyecto contempla una ampliación de hasta 40 por ciento de la pista de aterrizaje, más de 60 mil metros cuadrados de plataforma, una torre de control de 43 metros y una nueva terminal de más de 23 mil metros cuadrados. En el discurso, la capacidad pasaría de menos de 300 mil pasajeros a más de cuatro millones al año.
Pero cuando se revisa la operación real, el discurso se desinfla. Después de más de cuatro años de obra, la ampliación todavía no está terminada y las propias autoridades han reconocido un avance apenas superior al 70 por ciento. Es decir, se presume como aeropuerto internacional consolidado una terminal que sigue en construcción, con baja operación y con una conectividad que todavía no se parece a lo prometido.
El punto más evidente está en el vuelo a Houston. En las capturas comparativas, Puerto Vallarta muestra disponibilidad diaria con United hacia Houston, con vuelos directos y tarifas desde 313 dólares en varios días. Tepic, en cambio, aparece con una frecuencia mucho más limitada: apenas algunos sábados disponibles, precios más altos —desde 409, 503, 549 y hasta más de 600 dólares en ciertas fechas— y, lo más delicado, meses completos donde United ya no muestra disponibilidad. En la práctica, la aerolínea no sostiene una operación continua desde Tepic: la suspende por periodos y deja al pasajero sin una opción regular.
Eso tira abajo la idea de que el aeropuerto ya compite internacionalmente. Una ruta que aparece unos días, se encarece y después desaparece por meses no es una conectividad fuerte; es una operación débil, intermitente y todavía experimental. Mientras Puerto Vallarta mantiene una oferta constante hacia Houston, Tepic depende de una disponibilidad irregular que no da certeza al viajero ni al sector turístico.
La operación general tampoco sostiene el tono triunfalista. De acuerdo con las capturas de monitoreo de salidas, el aeropuerto tiene un promedio aproximado de 4 a 5 despegues diarios, incluyendo vuelos comerciales y algunos privados o no identificados. Las aerolíneas visibles son apenas cuatro: Volaris, Aeroméxico Connect, Viva y United. No aparece una red amplia de aerolíneas extranjeras ni nuevas compañías internacionales llegando de forma sostenida, como se ha querido vender desde el discurso oficial.
A esto se suma otro golpe a su competitividad: el anuncio del gobernador de no permitir la operación de plataformas de transporte y mantener el acceso únicamente con taxis autorizados. En un aeropuerto que de por sí tiene poco flujo, pocas frecuencias y tarifas aéreas poco atractivas, cerrar la puerta a opciones como transporte por aplicación reduce todavía más la conveniencia para el usuario. En lugar de hacerlo más competitivo, lo vuelve más incómodo, más caro y menos atractivo frente a otros aeropuertos regionales.
Por eso, aunque el crecimiento de 44 por ciento suena fuerte en boletín, necesita contexto. Crecer desde una base pequeña no significa competir con Puerto Vallarta ni con Guadalajara. Un aeropuerto puede aumentar pasajeros porcentualmente y aun así seguir teniendo pocos vuelos, baja frecuencia, rutas intermitentes y poca utilidad práctica para la mayoría de los viajeros.
La realidad es que el Aeropuerto de Tepic no tiene todavía el flujo necesario para sostener la narrativa oficial. No compite ni de cerca con Puerto Vallarta, que mantiene mayor conectividad, mejores frecuencias, más disponibilidad y tarifas más competitivas. Para muchas personas de Tepic, sigue siendo más rentable y más seguro viajar desde Puerto Vallarta o Guadalajara que depender de una terminal local con vuelos escasos, caros y discontinuos.
El problema no es que Nayarit invierta en infraestructura aeroportuaria. El problema es vender como éxito consolidado una obra que sigue incompleta y una operación que todavía no despega. Por ahora, el Aeropuerto Internacional Tepic–Riviera Nayarit crece más en el discurso oficial que en las pistas. Y mientras no tenga flujo real, frecuencias estables, precios competitivos y transporte accesible, Puerto Vallarta seguirá siendo la mejor opción aérea para la región.
