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CRECEN delitos de violencia en todo Nayarit con cifras en índice

El acelerado crecimiento turístico, inmobiliario y poblacional de Bahía de Banderas contrasta con un escenario de seguridad que demanda mayor atención. El municipio figura entre las zonas de Nayarit señaladas por concentrar problemas de delincuencia y violencia, mientras delitos como el robo a casa habitación, el robo de vehículos, la violencia familiar y las agresiones en espacios públicos siguen afectando directamente la tranquilidad de sus habitantes.

De acuerdo con el estudio De la violencia a la pacificación, elaborado por México Evalúa, Nayarit se colocó entre las tres entidades con mayor incremento de su tasa de violencia letal durante los últimos once años. El indicador pasó de 6.7 por cada 100 mil habitantes entre enero y mayo de 2015 a 17.9 por cada 100 mil habitantes durante el mismo periodo de 2026, lo que representa un crecimiento considerable en en poco más de una década.

La medición de violencia letal utilizada en el análisis contempla cinco componentes: homicidio doloso, homicidio culposo, feminicidio, otros delitos contra la vida y la integridad corporal, así como personas desaparecidas y no localizadas. Esta visión permite observar que la inseguridad no puede evaluarse únicamente mediante el número de asesinatos intencionales.

Aunque en los últimos meses se ha registrado una reducción de homicidios dolosos en algunas zonas del país, México Evalúa advierte que esa disminución ha estado acompañada por incrementos en otras expresiones de violencia. El comportamiento obliga a examinar el fenómeno de manera más amplia, ya que una baja en homicidios no necesariamente implica una reducción equivalente en desapariciones, feminicidios o agresiones contra la integridad física.

En el caso específico de Nayarit, la tasa de homicidio doloso pasó de 2.4 a 2.5 por cada 100 mil habitantes al comparar enero-mayo de 2015 con el mismo periodo de 2026. La de homicidio culposo aumentó de 3.3 a 4.1, mientras que la correspondiente a feminicidio pasó de cero a 0.7 por cada 100 mil habitantes.

En otros delitos contra la vida y la integridad corporal, la tasa estatal creció de 0.5 a 1.1 por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, el cambio más significativo se registró en las personas desaparecidas y no localizadas, cuyo indicador pasó de 0.5 a 10.2 por cada 100 mil habitantes durante los periodos comparados.

Ese aumento coloca a las desapariciones como el componente que más peso ha ganado dentro de la violencia letal registrada en Nayarit. El fenómeno también se ha extendido territorialmente en el país y, de acuerdo con México Evalúa, es una de las expresiones de violencia que ha alcanzado a un mayor número de entidades durante los últimos años.

Las cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas citadas en el reporte muestran que Nayarit pasó de 47 reportes durante el primer semestre de 2022 a 166 en 2026, lo que significa un incremento de aproximadamente 253 por ciento. El crecimiento evidencia una crisis que no puede quedar relegada frente a los anuncios oficiales sobre reducciones en otros delitos.

Dentro del estado, Bahía de Banderas aparece junto con Tepic, Acaponeta, Huajicori y otros municipios entre las demarcaciones que requieren atención prioritaria. Cada una enfrenta dinámicas distintas: mientras en las zonas serranas existen disputas relacionadas con grupos delictivos y ataques contra corporaciones policiales, en Bahía se combinan el crecimiento urbano, la elevada población flotante, la desigualdad y la expansión de colonias con servicios públicos insuficientes.

La condición turística de Bahía de Banderas tampoco lo mantiene aislado de la inseguridad. El municipio recibe diariamente a miles de trabajadores, visitantes y habitantes provenientes de otras regiones, además de mantener una movilidad constante con Puerto Vallarta. Esa dinámica metropolitana amplía las necesidades de prevención, vigilancia e investigación.

Entre los delitos con mayor presencia en el ámbito municipal se encuentran el robo a casa habitación, el robo de vehículos, la violencia callejera y la violencia doméstica. Son hechos que, aunque no siempre reciben la atención mediática de los delitos de alto impacto, afectan de manera inmediata el patrimonio, la seguridad y la vida cotidiana de las familias.

El robo a viviendas preocupa especialmente en colonias y fraccionamientos donde el crecimiento habitacional no ha sido acompañado por suficiente alumbrado, vigilancia o presencia policial. En algunos sectores, las casas permanecen vacías durante parte del día porque sus habitantes trabajan en zonas hoteleras o turísticas, situación que puede ser aprovechada por delincuentes.

El robo de vehículos y autopartes también representa una afectación importante en un municipio donde gran parte de la población depende del automóvil o la motocicleta para trasladarse. Las distancias entre comunidades, centros de trabajo y zonas comerciales hacen que perder un vehículo no sea únicamente un daño patrimonial, sino también un golpe directo a la movilidad y a los ingresos familiares.

La violencia callejera se manifiesta mediante riñas, amenazas, lesiones y agresiones en espacios públicos. En zonas de convivencia nocturna, corredores comerciales y comunidades con alta concentración poblacional, estos episodios pueden aumentar cuando no existe vigilancia preventiva suficiente ni capacidad de reacción inmediata.

Más delicada todavía es la violencia familiar y doméstica, un fenómeno que ocurre dentro de los hogares y que muchas veces permanece oculto. Las víctimas pueden tardar en denunciar por miedo, dependencia económica, amenazas o desconfianza en las instituciones. La falta de denuncia dificulta dimensionar completamente el problema y permite que las agresiones se repitan o escalen.

Localidades como San Vicente, Mezcales, San José del Valle, Valle de Banderas, Bucerías, La Cruz de Huanacaxtle y Nuevo Nayarit han registrado una expansión urbana acelerada. Sin embargo, el número de policías, patrullas, ministerios públicos y unidades especializadas no necesariamente ha crecido al mismo ritmo que la población y la mancha urbana.

La construcción de nuevos fraccionamientos y desarrollos inmobiliarios también genera sectores cada vez más alejados y extensos. Sin una planeación adecuada, estos espacios pueden quedar con iluminación deficiente, accesos limitados, terrenos abandonados y vigilancia intermitente, condiciones que incrementan la percepción de vulnerabilidad.

A ello se suma la necesidad de fortalecer la búsqueda inmediata de personas desaparecidas. Las primeras horas son determinantes, por lo que las autoridades deben evitar retrasos burocráticos y mejorar la coordinación entre la Policía Municipal, la Fiscalía de Nayarit, la Comisión Estatal de Búsqueda y las corporaciones de Jalisco cuando exista la posibilidad de que una persona haya cruzado hacia Puerto Vallarta.

La seguridad en Bahía de Banderas exige una visión metropolitana. Miles de personas cruzan diariamente el río Ameca por motivos laborales, educativos, médicos o comerciales. La movilidad entre ambos municipios obliga a compartir información sobre vehículos robados, personas desaparecidas, órdenes de aprehensión y grupos dedicados a delitos patrimoniales.

También es necesario evitar que las cifras positivas de un solo indicador sean utilizadas para presentar una realidad incompleta. Los homicidios dolosos pueden disminuir durante un periodo, pero si al mismo tiempo aumentan las desapariciones, los feminicidios, la violencia familiar y otros delitos contra la integridad corporal, no puede hablarse de una pacificación completa.

El reto para las autoridades municipales y estatales consiste en traducir el crecimiento económico de Bahía de Banderas en mayores capacidades institucionales. El municipio requiere más prevención, patrullaje en colonias, iluminación, atención a víctimas, investigación de robos y unidades especializadas para responder a la violencia contra las mujeres.

El desarrollo turístico y vertical no garantiza automáticamente mejores condiciones de seguridad. Bahía de Banderas puede multiplicar hoteles, condominios y nuevos fraccionamientos, pero mientras sus habitantes continúen enfrentando robos, agresiones dentro de sus hogares y desapariciones sin resolver, el crecimiento económico seguirá conviviendo con una realidad social mucho más preocupante.