SEMARNAT recula y dicta que NO SE QUITARÁ muro de rocas en playa COCINAS
Después de semanas de comunicados, recorridos técnicos, mesas de diálogo y promesas de restauración, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales cambió el tono respecto al conflicto de Playa Las Cocinas y abrió la puerta para que el polémico muro de rocas permanezca en el sitio.
La dependencia federal había reconocido previamente que las obras de enrocamiento ejecutadas por Cantiles de Mita, filial de Grupo DINE, excedieron las condiciones de la concesión federal, incumplieron condicionantes y pudieron afectar la dinámica natural de la playa. Incluso planteó a la empresa el retiro voluntario de las obras y la restauración del espacio.
Pero tras la visita técnica realizada el 25 de junio, la postura institucional dio una conveniente vuelta. En una tarjeta informativa fechada el 8 de julio, SEMARNAT señaló que el retiro total del enrocamiento “podría no ser la solución más viable” y comenzó a analizar una alternativa para conservar la estructura, acompañada de restauración ambiental, recuperación de vegetación nativa y garantía de acceso público.
En términos políticos, el Gobierno federal parece haber decidido tirar la toalla antes de retirar las rocas. Primero se detectaron irregularidades, después se habló de restaurar la playa y finalmente apareció la clásica fórmula burocrática: dejar el muro donde está, prometer medidas complementarias y confiar en que unas cuantas palabras técnicas conviertan una obra cuestionada en una solución ambiental.
El problema es que SEMARNAT no explica con precisión cuáles serán esas “otras acciones”, quién estará obligado a ejecutarlas, cuánto tiempo tendrán para cumplirlas, qué superficie deberá restaurarse, cómo se recuperará la dinámica costera ni qué consecuencias habrá en caso de incumplimiento. Tampoco presenta en la tarjeta un dictamen definitivo que demuestre por qué retirar las piedras sería más dañino que conservarlas.
Lo que sí dejó por escrito es una colección de conceptos políticamente cómodos: restauración integral, vegetación nativa, acceso público y seguimiento administrativo. Mucho lenguaje verde, pero pocas obligaciones concretas. Un auténtico atole con el dedo federal, porque el muro que motivó las protestas seguiría en la playa mientras las autoridades prometen corregir sus efectos sin explicar todavía cómo lo harán.
La propia autoridad informó que continúa abierto un procedimiento administrativo iniciado desde febrero de 2025, cuyas posibles resoluciones contemplan la clausura o la restitución del sitio a su condición original. Sin embargo, mientras ese expediente avanza al pausado ritmo de la burocracia, la nueva postura oficial parece anticipar que la restitución completa ya dejó de ser la opción favorita.
La contradicción es evidente. En junio, SEMARNAT sostuvo que la concesión solamente permitía mantener la superficie en estado natural y no autorizaba construcciones ni infraestructura permanente. También reconoció posibles alteraciones a la dinámica de la playa. Menos de un mes después, la alternativa institucional consiste precisamente en mantener esa estructura permanente que previamente había cuestionado.
Integrantes del Comité Batalla por la Playa rechazaron esta salida y acusaron a SEMARNAT y a PROFEPA de emitir mensajes ambiguos que no resuelven el daño ambiental. Advirtieron que una tarjeta informativa no constituye un dictamen ni una resolución jurídica, y señalaron que las mesas de diálogo fueron utilizadas mientras la empresa terminaba de colocar el enrocamiento.
El activista Efraín López afirmó que los defensores de Playa Las Cocinas no están “en venta” y que continuarán agotando las instancias legales hasta lograr la restauración y la integridad ecológica de la Zona Federal Marítimo Terrestre. También sostuvo que las autoridades están provocando mayor indignación al intentar presentar una posible permanencia del muro como una solución técnica.
La comunidad ha denunciado que la acumulación de piedra natural y material de río dificulta el tránsito por la playa, interfiere con las actividades de los pescadores y amenaza zonas históricas de anidación de tortuga laúd. Estos señalamientos fueron expuestos directamente ante los funcionarios durante la visita técnica.
Con esto, las rocas no se moverán ni un solo metro y la playa quedará como se dejó, es decir sin espacio para caminar durante la marea alta y con apenas unos 3 metros libres cuando el oleaje no está tan alto.
Por ahora, Playa Las Cocinas queda atrapada entre dos discursos: el primero prometía retirar las obras y restaurar el ecosistema; el segundo pretende conservarlas y administrar sus consecuencias. El muro sigue allí, las especificaciones técnicas no aparecen y la comunidad continúa esperando una resolución que sustituya los boletines, las fotografías oficiales y las ceremonias de diálogo.
La pregunta de fondo permanece sin respuesta: si la propia SEMARNAT determinó que las obras excedieron la concesión y podían afectar la dinámica natural de la playa, ¿por qué la solución ahora sería dejarlas exactamente en el lugar donde fueron construidas?
