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Sorprende INTALACIÓN de anuncio ESPECTACULAR junto a Carretera 200

Después de casi dos décadas de esfuerzos para eliminar los anuncios gigantes que saturaban la carretera federal 200, una monumental estructura electrónica vuelve a imponerse sobre el paisaje de acceso a Puerto Vallarta y Bahía de Banderas. La instalación revive una práctica que ambos destinos combatieron por considerarla contaminación visual.

Y es que gigantesco espectacular electrónico identificado con la marca Vidanta ha sido instalado junto a la carretera federal 200, prácticamente en la entrada norte de Puerto Vallarta, en la zona limítrofe con Bahía de Banderas. La monumental estructura, que incorpora grandes superficies destinadas a pantallas LED, representa un preocupante retroceso para la imagen turística de ambos municipios, que durante años emprendieron acciones para liberar sus accesos carreteros de la contaminación visual provocada por anuncios de enormes dimensiones.

La aparición de esta estructura revive una etapa que muchos vallartenses todavía recuerdan: cuando ingresar a Puerto Vallarta por carretera significaba atravesar un corredor saturado de espectaculares metálicos, lonas publicitarias y anuncios pintados que se imponían sobre las palmeras, las montañas y la vegetación tropical. Hasta finales de la década de 2000, estos anuncios formaban parte habitual del paisaje carretero, antes de que las autoridades comenzaran a retirarlos mediante procedimientos administrativos y acciones legales.

Aquella transformación no ocurrió de la noche a la mañana. Existen registros periodísticos de que en abril de 2008 el Ayuntamiento de Puerto Vallarta comenzó a retirar estructuras publicitarias no autorizadas sobre la avenida de ingreso, argumentando tanto irregularidades administrativas como riesgos para la seguridad. Posteriormente, durante la administración municipal 2010-2012, se intensificaron las acciones hasta conseguir el retiro de por lo menos 80 espectaculares, de acuerdo con información publicada en mayo de 2012.

Del lado de Nayarit también existió una batalla semejante. En enero de 2009, Bahía de Banderas publicó un Reglamento de Anuncios que reconocía expresamente el daño ocasionado por los espectaculares al paisaje y la necesidad de ofrecer a los visitantes un entorno limpio y armónico con la naturaleza.

Durante la administración de Héctor Paniagua Salazar también se desarrollaron esfuerzos para retirar grandes anuncios de la carretera federal 200, aunque posteriormente surgieron nuevas controversias por la proliferación de publicidad carretera.

Es decir, Puerto Vallarta y Bahía de Banderas llevan cerca de dos décadas intentando corregir un problema que ahora amenaza con regresar bajo una presentación tecnológica diferente. Antes eran estructuras de acero con lonas impresas; ahora son enormes superficies electrónicas capaces de proyectar imágenes luminosas y mensajes cambiantes.

Pero el impacto sobre el paisaje sigue siendo esencialmente el mismo y, dependiendo de su operación, incluso podría resultar más invasivo.

La nueva instalación de Vidanta resulta especialmente polémica porque se encuentra en un punto estratégico para la imagen de ambos destinos. No se trata de una vialidad comercial cualquiera, sino de uno de los principales accesos a Puerto Vallarta y al corredor turístico de Riviera Nayarit, utilizado diariamente por residentes, trabajadores y visitantes. La proximidad con el límite interestatal hace que su presencia tenga consecuencias visuales para las dos ciudades, independientemente de cuál de los ayuntamientos tenga competencia territorial directa sobre el predio.

En Puerto Vallarta, la normativa ha sido históricamente restrictiva. El Reglamento de Construcción municipal contempla la prohibición de anuncios comerciales exteriores, incluidos los espectaculares, mientras que el Reglamento Municipal para la Protección al Ambiente establece expresamente la prohibición de generar contaminación visual, tomando en consideración la vocación turística de la ciudad.

Estas disposiciones explican por qué durante años se impulsó el retiro de estructuras publicitarias de las principales vialidades.

Por su parte, Bahía de Banderas cuenta con su propio Reglamento de Anuncios, que prohíbe de manera general los espectaculares, aunque contempla determinadas modalidades de publicidad electrónica sujetas a condiciones y autorizaciones específicas. Por ello, resulta indispensable conocer la ubicación catastral exacta de la nueva estructura y determinar qué autoridad municipal tiene competencia para autorizarla, inspeccionarla o exigir modificaciones.

A estas disposiciones se suma la legislación federal. La Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal y el Reglamento para el Aprovechamiento del Derecho de Vía de las Carreteras Federales y Zonas Aledañas regulan la instalación de publicidad próxima a las vías federales. Dependiendo de la ubicación y características del anuncio, puede requerirse autorización de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, además de cumplir con restricciones relacionadas con la seguridad vial.

Por ahora, la imagen de la estructura no permite determinar si existe una infracción administrativa. Sin embargo, sus dimensiones y ubicación justifican una revisión pública de los permisos correspondientes. Los ayuntamientos de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, así como las autoridades federales competentes, deberían aclarar qué autorizaciones fueron expedidas, cuál es la superficie total de las pantallas, qué altura tiene la construcción y si se evaluó su posible impacto visual y sobre la seguridad de los automovilistas.

La pregunta de fondo es todavía más incómoda: ¿para qué sirvieron tantos años de esfuerzos para limpiar la entrada de Puerto Vallarta si ahora se permite que enormes pantallas electrónicas vuelvan a dominar el paisaje? No puede hablarse de modernización turística cuando una estructura comercial termina imponiéndose sobre el entorno natural que durante décadas se ha promovido como uno de los principales atractivos de la región.

La importancia económica de Vidanta, su inversión turística y su capacidad de generar empleos no están en discusión. Lo que debe cuestionarse es si un desarrollo de semejante influencia necesita apropiarse visualmente de uno de los principales accesos de la zona metropolitana para promocionar su marca. El crecimiento empresarial no debería convertirse en una justificación para debilitar los criterios de imagen urbana que las autoridades han defendido durante años.

Además, permitir una instalación de estas características podría sentar un precedente peligroso. Si otros grupos hoteleros, inmobiliarios o comerciales deciden colocar estructuras equivalentes, la carretera federal 200 podría volver a convertirse en una competencia de anuncios monumentales, ahora con luces y pantallas digitales. En poco tiempo, el paisaje recuperado mediante años de procedimientos legales podría quedar nuevamente saturado de publicidad.

La ubicación en una zona limítrofe no debería convertirse en una oportunidad para eludir responsabilidades ni en un motivo para que ambos gobiernos se desentiendan de sus efectos.

Porque la contaminación visual no desaparece por cambiar una lona por una pantalla electrónica. Después de haber limpiado la entrada de Puerto Vallarta de espectaculares desde finales de la década de 2000, permitir que vuelvan en versión digital sería retroceder casi veinte años en la protección del paisaje turístico.