Turismo

Termina Mundial en Jalisco y el turismo nunca llegó a Nayarit

Se acabó el Mundial para Jalisco. La sede de Guadalajara concluyó los cuatro partidos que tenía programados dentro de la Copa del Mundo 2026 y, con ello, también se derrumbó una de las expectativas más repetidas por autoridades turísticas de Nayarit: que la cercanía con el Estadio Akron provocaría una llegada extraordinaria de visitantes extranjeros hacia la Riviera Nayarit.

Los cuatro juegos mundialistas celebrados en Guadalajara fueron Corea del Sur contra República Checa, el 11 de junio; México contra Corea del Sur, el 18 de junio; Colombia contra República Democrática del Congo, el 23 de junio; y España contra Uruguay, el 26 de junio. En teoría, esos encuentros abrían la posibilidad de recibir turistas surcoreanos, checos, mexicanos, colombianos, congoleños, españoles y uruguayos en destinos como Nuevo Vallarta (Nuevo Nayarit), Bucerías, Sayulita, Punta de Mita, Guayabitos, San Blas o Jala).

La realidad fue otra. Al cierre de los partidos en Jalisco no se registró una variación turística significativa atribuible al Mundial en Nayarit ni en la Riviera Nayarit. La ocupación que pudo mantenerse en algunos destinos respondió principalmente al turismo habitual de temporada, no a una ola mundialista internacional. No hubo grupos visibles de aficionados extranjeros desplazándose masivamente hacia playas nayaritas, ni una derrama extraordinaria que confirmara las expectativas oficiales.

El efecto tampoco llegó a Puerto Vallarta, pese a su cercanía operativa con la Riviera Nayarit y a su papel como destino turístico internacional. En la práctica, tampoco se observó una llegada relevante de turistas mundialistas ni una presencia notoria de aficionados de las selecciones que jugaron en Guadalajara. La fiesta grande ocurrió en la capital jalisciense, no en la costa.

La falta de planeación fue todavía más evidente con los eventos públicos de transmisión. En Nayarit se habían anunciado espacios tipo fan fest para ver partidos del Mundial: uno impulsado por el gobierno estatal en Sayulita y otro por el gobierno municipal de Bahía de Banderas en Valle de Banderas. Sin embargo, ambos terminaron cancelados luego de que las propias autoridades se toparon con un punto básico: para transmitir partidos del Mundial en eventos públicos se requerían derechos de transmisión.

El episodio exhibió improvisación. Los gobiernos anunciaron transmisiones sin haber resuelto primero los permisos, licencias o condiciones legales para proyectar los partidos, por lo que las actividades quedaron canceladas antes de consolidarse como atractivo turístico o comunitario. Es decir, ni siquiera hubo una estrategia sólida para aprovechar localmente el Mundial mediante eventos públicos ordenados.

Así, la expectativa de que Nayarit recibiría turistas por su cercanía con Guadalajara quedó sin respaldo en los hechos. Ni llegaron de forma significativa los visitantes de Corea del Sur, República Checa, Colombia, Congo, España o Uruguay; ni Puerto Vallarta reportó una dinámica distinta; ni los fan fest anunciados en Bahía de Banderas y Sayulita pudieron sostenerse por falta de previsión.

El balance deja una lectura incómoda: la cercanía geográfica con una sede mundialista no basta para generar turismo internacional. Sin conectividad diseñada, paquetes turísticos claros, promoción dirigida, coordinación real con operadores y medición seria de resultados, las expectativas terminan convertidas en discurso. En Nayarit, el Mundial fue más una promesa inflada que una oportunidad aprovechada.