Política

NAYARIT, aún sin definición rumbo a la elección para gubernatura

Morena avanza con los “destapes” de quienes encabezarán las Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, figuras que políticamente se perfilan rumbo a las candidaturas a las gubernaturas de 2027. Sin embargo, Nayarit sigue quedándose atrás y todo apunta a que podría ser llevado hasta las últimas etapas del proceso, precisamente porque se ha convertido en una de las definiciones más complicadas para la dirigencia nacional.

Mientras Nayarit espera, Morena ya resolvió entidades como Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa, y durante los últimos días agregó nombres en estados que también presentaban disputas importantes: Beatriz Mojica en Guerrero, Carlos Torres Piña en Michoacán, Eugenio “Gino” Segura en Quintana Roo y Verónica Díaz Robles en Zacatecas. Con esta última designación, suman nueve de las 17 coordinaciones estatales rumbo a 2027.

En contraste, Nayarit permanece sin humo blanco. Y la tardanza puede tener una explicación política: aquí no solamente está en juego quién gana una encuesta, sino cómo evitar que una batalla interna termine convertida en ruptura una vez conocido el nombre.

La puja que concentra mayor atención está entre Héctor Santana García, alcalde con licencia de Bahía de Banderas, y Geraldine Ponce Méndez, alcaldesa con licencia de Tepic. Ambos se registraron formalmente en el proceso y han sido señalados públicamente entre los perfiles centrales de una disputa que durante los últimos meses ha producido confrontaciones, acusaciones y llamados de la dirigencia nacional a mantener la unidad.

La tensión llegó al grado de que desde julio se estableció un pacto de no agresión entre aspirantes y la dirigencia nacional tuvo que intervenir ante el ambiente interno. Posteriormente surgieron denuncias de diputados de Morena contra Héctor Santana y Jasmín Bugarín por presuntas prácticas clientelares, acusaciones que fueron remitidas a instancias internas del propio partido.

Ese escenario ayuda a explicar por qué Nayarit puede terminar entre los últimos estados en resolverse. Una definición anticipada dejaría muchos meses para que los grupos derrotados procesaran su inconformidad, rompieran acuerdos o incluso exploraran espacios políticos fuera de la coalición. Llevar la decisión hacia el límite del calendario, en cambio, estrecharía los tiempos disponibles para una eventual desbandada y complicaría que quienes no resulten favorecidos pudieran reconstruir una candidatura competitiva desde otro partido.

Es una lectura política del retraso, no una explicación oficialmente reconocida por Morena, pero coincide con un dato concreto: la dirigencia está privilegiando acuerdos internos para evitar fracturas en las entidades donde existen disputas fuertes y mantiene reservados los resultados completos de sus encuestas.

Además, Morena tiene margen para hacerlo. Ariadna Montiel, presidenta nacional del partido, ha reiterado que los tiempos no están vencidos y que la propia convocatoria les permite llegar hasta diciembre para completar las designaciones. Por tanto, la dirigencia puede administrar políticamente el orden de los anuncios y dejar las negociaciones más difíciles para después.

Y Nayarit tiene ingredientes suficientes para convertirse en una de ellas.

Aunque la confrontación Santana-Ponce domina buena parte de la conversación política, existe una tercera pieza que podría adquirir importancia si la dirigencia concluye que ninguno de los dos grupos está dispuesto a ceder: Jasmín Bugarín. Su nombre podría funcionar como una salida de negociación entre fuerzas enfrentadas, particularmente por su pertenencia al Partido Verde, aliado de Morena. Eso la convierte en un perfil que no puede descartarse en un eventual arreglo político.

Pero tampoco son solamente tres. El proceso mantiene a Geraldine Ponce, Héctor Santana, Jasmín Bugarín, Pável Jarero, Elizabeth López Blanco y Jorge Armando “Fugio” Ortiz. La Comisión Nacional de Elecciones incluso ordenó recientemente concluir los recorridos que realizaban por los municipios, dejando a todos a la espera de la siguiente fase.

El problema para Morena será qué hacer con los cinco que pierdan.

En otras entidades la dirigencia ha buscado fotografías de unidad inmediatamente después de anunciar al seleccionado. En Quintana Roo, por ejemplo, los demás aspirantes estuvieron presentes durante la presentación de Gino Segura, pese a las inconformidades que había dejado la competencia. En Nayarit conseguir una operación semejante puede resultar particularmente compleja por la intensidad que alcanzó la competencia interna.

Por eso cada nuevo coordinador anunciado en otro estado vuelve más llamativo el silencio sobre Nayarit. Guerrero salió. Michoacán salió. Quintana Roo salió. Zacatecas salió. Nayarit, no.

La dirigencia nacional no tiene prisa jurídica y aparentemente tampoco política. Tiene hasta diciembre y, mientras tanto, puede seguir negociando posiciones, midiendo resistencias y buscando garantías de unidad antes de pronunciar el nombre que encabezará el movimiento en el estado.

Así, dejar Nayarit hasta el final puede terminar siendo mucho más que una cuestión de calendario: permitiría a Morena reducir el periodo de confrontación posterior al resultado y cerrar espacios para rupturas de última hora, al mismo tiempo que busca construir un acuerdo entre los grupos de Santana, Ponce, Bugarín y los demás participantes.

Porque en Nayarit la verdadera dificultad no parece estar únicamente en decidir quién gana. El problema que tendrá que resolver Morena es cómo anunciar a uno sin perder a los demás.