Falta de agua, un problema vigente en Bahía de Banderas
La falta de agua en distintas comunidades y colonias de Bahía de Banderas dejó de ser una molestia temporal para convertirse en una señal de alerta sobre el modelo de crecimiento urbano del municipio, donde la expansión habitacional, turística y comercial avanza con mayor velocidad que la infraestructura hidráulica.
Especialmente en localidades como Higuera Blanca, Bucerías, La Cruz de Huanacaxtle, Mezcales, San Vicente, San José del Valle y otras zonas del municipio, los reportes ciudadanos por fallas prolongadas en el suministro se han vuelto cada vez más frecuentes. El problema no se limita a una tubería rota o a una falla aislada: refleja una presión creciente sobre pozos, redes antiguas y sistemas de distribución que ya operan al límite.
El propio crecimiento demográfico ayuda a explicar la dimensión del reto. De acuerdo con Data México, con información censal, Bahía de Banderas llegó en 2020 a 187 mil 632 habitantes y registró un crecimiento poblacional de 51.1 por ciento respecto a 2010, uno de los incrementos más fuertes de la región. Ese aumento se traduce en más viviendas, más tomas, más consumo y mayor presión sobre fuentes de abastecimiento que no siempre crecieron al mismo ritmo.
El contraste se vuelve más delicado cuando, mientras hay hogares que reportan días o incluso semanas sin servicio regular, el cobro del recibo continúa llegando. En los propios recibos de OROMAPAS se advierte a los usuarios que su contrato de agua debe contar con una fuente de abastecimiento para al menos tres días ante cualquier eventualidad.
La recomendación puede tener sentido preventivo, pero también revela una realidad incómoda: el sistema reconoce la posibilidad de interrupciones prolongadas e incapacidad logística de surtir, mientras muchas familias ya están pagando pipas, tinacos, traslados y soluciones particulares para cubrir una necesidad básica.
El Gobierno Municipal ha impulsado obras para atender el rezago. Entre ellas, se ha informado sobre la construcción de un acueducto con más de 8 mil metros de tubería y seis pozos, planteado para mejorar el suministro hacia Bucerías y extender el servicio a La Cruz de Huanacaxtle. También se anunció recientemente el arranque de una obra para perforar un pozo de agua en Higuera Blanca, una de las localidades donde la presión social por la falta de suministro ha ido en aumento.
Sin embargo, esos esfuerzos todavía parecen insuficientes frente al tamaño del problema. El propio OROMAPAS ha reconocido que cuenta con una cartera superior a 40 obras pendientes que necesita, cuya ejecución requiere más de 300 millones de pesos, para ampliar la atención en colonias y comunidades del municipio.
La cifra confirma que hay una ruta de inversión, pero también deja ver la profundidad del rezago: si se requieren decenas de obras para estabilizar el servicio, el problema no es menor ni coyuntural.
A ello se suma una discusión de fondo: Bahía de Banderas no puede seguir autorizando crecimiento urbano como si el agua fuera un recurso garantizado por decreto. La aprobación y actualización de instrumentos de ordenamiento territorial en fechas recientes representa un paso positivo, porque permite diagnosticar necesidades del municipio y planear con criterios técnicos temas como vivienda, infraestructura, desigualdad, servicios y expansión urbana.
El IMPLAN señala que el Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano incorpora lineamientos de SEDATU, ONU-Hábitat y sistemas de información geográfica para identificar necesidades del territorio, entre ellas, el agua.
Pero ordenar el territorio no basta si no se amarra con una política hídrica de largo plazo. El municipio necesita saber con claridad cuánta agua tiene, cuánta puede extraer sin agotar sus fuentes, cuántas viviendas más puede soportar cada zona y qué desarrollos deben esperar hasta que exista infraestructura real, no promesas posteriores.
La crisis de agua en Bahía de Banderas no es solo un problema de OROMAPAS, ni ocurre solo desde ayer, pues tiene truenos creciendo. Aunque el organismo operador sea la cara visible del reclamo actual. Este escenario es también un problema de planeación urbana, permisos, crecimiento inmobiliario, inversión pública, mantenimiento, transparencia y prioridades de gobierno.
El acueducto, los nuevos pozos y las obras hidráulicas son necesarios, pero no alcanzarán si el municipio sigue creciendo más rápido que su capacidad de abastecimiento. Hoy la pregunta ya no es si Bahía de Banderas necesita más infraestructura, sino si todavía está a tiempo de corregir el rumbo antes de que la falta de agua se vuelva la nueva normalidad en más comunidades.
