Comunidad

Terminan con éxito muro de rocas en playa Cocinas. No sé movió

La escollera de piedra colocada en la playa Cocinas, Punta de Mita, quedó prácticamente terminada este martes, pese a las reuniones, denuncias públicas, llamados comunitarios y versiones de diálogo que durante los últimos días habían abierto la expectativa de que la obra pudiera detenerse, modificarse o retroceder.

Sin embargo, en los hechos ocurrió lo contrario: la maquinaria continuó trabajando durante todos estos días y el muro de roca avanzó hasta completarse en la franja costera, justo frente al área donde vecinos y activistas han denunciado una reducción del espacio libre de playa.

Durante la mañana se hoy, integrantes de la comunidad difundieron un llamado para mantenerse atentos y documentar cualquier movimiento de maquinaria, tierra o intervención en la zona, ante nuevos reportes de trabajos que efectivamente se realizaban, aunque también pidieron hacerlo a distancia y sin confrontar a trabajadores, personal de obra o equipo pesado, ante el riesgo que esto podría representar para la integridad física de las personas.

Horas después, la preocupación se confirmó con nuevas imágenes y publicaciones ciudadanas: la escollera quedó terminada. Para los defensores de la playa, el resultado fue amargo, porque mientras se hablaba de reuniones, posibles ajustes y acuerdos, la obra nunca se detuvo realmente.

Todo ocurrió también en paralelo a la gira del Comité Puntamitense en Defensa de la Playa a la Ciudad de México, donde se habrían reunido con la PROFEPA yel Congreso federal para que tomarán cartas en el asunto, además de que tanto la Secretaría de Gobernación como la Fiscalía General de la República anunciaron una inspección e intervención en el caso.

Pese a ello, la parte más sensible es que, a simple vista, la playa quedó hoy notablemente reducida entre el muro de roca y el rompimiento de las olas. En algunos tramos, de acuerdo con lo que se observa en las imágenes difundidas, parece que ya ni siquiera queda una franja cercana a los 5 metros de playa libre seca, mucho menos los 20 metros que la comunidad ha reclamado como referencia mínima para garantizar el libre tránsito y uso público de la zona federal marítimo terrestre.

La ley mexicana define la Zona Federal Marítimo Terrestre como una franja de 20 metros de ancho de tierra firme, transitable y contigua a la playa, medida desde la pleamar máxima, y la considera un bien de dominio público de la Federación. Es decir, no se trata solamente de un espacio recreativo, sino de una zona con régimen legal específico, cuya ocupación o aprovechamiento debe estar regulado por autoridades federales.

Pero del lado empresarial, DINE ha presentado públicamente el desarrollo de los hoteles Montage Punta Mita y Pendry Punta Mita como parte de un proyecto turístico de lujo en la Riviera Nayarit. Documentos divulgados por la propia empresa y por la Bolsa Mexicana de Valores señalan que Montage Punta Mita contempla más de 140 habitaciones y más de 60 residencias, mientras Pendry Punta Mita prevé más de 120 habitaciones y más de 30 residencias, con apertura proyectada hacia 2027, sin embargo sus obras ya han invadido visualmente el territorio de playa para hacerlo propio en las obras.

No se trata de una medición técnica oficial, porque para eso se requiere delimitación de autoridad, marea de referencia, coordenadas y levantamiento topográfico. Pero visualmente el resultado es claro: la escollera quedó demasiado cerca del mar y la playa quedó reducida a una franja angosta, irregular y vulnerable al oleaje.

Ese es precisamente el punto que más indigna a la comunidad. Durante los últimos días se habló de que la obra podría retroceder 5 metros; después se mencionó la posibilidad de ampliar el margen a 10. Pero al final, según lo que hoy se observa, ni el muro se hizo hacia atrás ni se garantizó una playa amplia y transitable. La estructura quedó donde avanzó la maquinaria.

La demanda ciudadana se ha mantenido en una misma línea: respetar el acceso libre, preservar el entorno natural y garantizar una franja suficiente para que Playa Las Cocinas siga siendo una playa y no solo un paso apretado entre piedras y mar. Para los habitantes de Punta de Mita, dejar unos cuantos metros no equivale a conservar el derecho de uso público, sobre todo si durante mareas altas o fuerte oleaje ese espacio puede desaparecer.

El caso también deja una lectura crítica sobre el papel de las autoridades. Mientras la comunidad insistía en que había diálogo, revisión y posibles intervenciones, en el terreno las máquinas siguieron operando. La obra avanzó más rápido que las respuestas institucionales y terminó por imponerse físicamente antes de que hubiera claridad pública suficiente sobre permisos, límites, medidas ambientales y cumplimiento de la zona federal.

La escollera terminada coloca el conflicto en una nueva etapa. Ya no se discute únicamente si la obra se va a hacer o no, porque el muro ya está colocado. Ahora la pregunta es si las autoridades revisarán de fondo lo construido, si determinarán si invade o no la zona de playa, si verificarán las distancias reales y si obligarán a corregir lo que corresponda.

Para los defensores de Playa Las Cocinas, lo ocurrido confirma una sensación de abandono: se denunció, se pidió, se documentó, se dialogó y aun así la obra llegó hasta el final. La playa quedó más estrecha y el muro quedó terminado.

La polémica, lejos de cerrarse, queda más viva. Porque una cosa es que la escollera esté concluida físicamente y otra muy distinta que el conflicto social, ambiental y legal esté resuelto. En Punta de Mita, la comunidad sostiene que la playa no se defiende solo con discursos, sino con hechos; y hoy, en el terreno, el hecho visible es que las piedras avanzaron hasta donde el mar apenas deja espacio.