Elizabeth Blanco se une a los actos de promoción para la gubernatura 2027
En la lectura política que ya circula dentro de Morena en Nayarit, María Elizabeth López Blanco aparece cada vez más como el perfil más cercano a la ruta de continuidad del proyecto encabezado hoy por el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero en caso de que la candidatura de 2027 termine reservándose para una mujer.
No es una definición formal ni una designación anticipada, pero sí una interpretación que gana espacio conforme se acercan los tiempos internos del partido, que, de acuerdo con reportes sobre la agenda nacional de Morena, entrarían a una fase más decisiva en junio para los registros rumbo para coordinadores de los comités de defensa de la 4T (ante dala de las precandidaturas a gubernaturas de 2027).
Esa lectura se sostiene menos en el ruido mediático y más en la trayectoria que López Blanco ha acumulado dentro del grupo gobernante. Su nombre ha sido asociado a tareas de operación política en la etapa del ascenso navarrista, después pasó por la dirigencia estatal de Morena y también ocupó responsabilidades en el aparato gubernamental estatal particularmente desde el SEPEN NAYARIT, antecedentes que la colocan como un cuadro conocido por la estructura, aunque no necesariamente por toda la opinión pública nayarita.
En ese sentido, para muchos ciudadanos sigue siendo uno de los perfiles más nuevos de escuchar dentro de la conversación sucesoria, no porque carezca de carrera, sino porque su exposición pública ha sido menor que la de otros nombres que llevan más tiempo instalados en el debate político estatal.
Bajo esa misma lógica, en el escenario masculino el nombre que más se suele vincular a la línea política del gobernador es el de Héctor Santana, actual presidente municipal de Bahía de Banderas, quien aparece de manera recurrente entre los perfiles mencionados para 2027. Así, en la narrativa interna que hoy se mueve en Nayarit, la ecuación empieza a leerse de forma bastante simple: si Morena y sus reglas de competitividad o paridad se inclinan por mujer, Elizabeth Blanco entra a la conversación como la carta más identificada con la continuidad del grupo navarrista. Y si el criterio favorece a un hombre, el nombre de Héctor Santana es el que más se acomoda a esa misma lógica de relevo.
Desde luego, esa es una ecuación de antesala, solo cuando se defina primero el género, porque las candidaturas ganadoras no tiene capacidad para definirlas el gobernador del estado, sino solo el partido desde su esfera nacional.
Pero está fórmula no significa, sin embargo, que López Blanco parta como el perfil más visible ante la opinión pública. Francamente, ella no compite en nivel de mediatismo con otras dos contendientes que ya ocupan más espacio en la conversación política y en la exposición cotidiana: Geraldine Ponce, presidenta municipal de Tepic, y la senadora Jazmín Bugarín, del Partido Verde.
Ambas tienen una presencia pública más instalada, más inmediata y más fácil de reconocer para amplios sectores del electorado, algo que pesa en una etapa donde todavía no hay candidaturas, pero sí posicionamientos.
En ese contexto debe entenderse también la reciente aparición en Bahía de Banderas de López Blanco, como un esfuerzo de perseguir a quienes ella hace sombra. En días recientes, difundió que estuvo en Jarretaderas para una reunión con jóvenes, un movimiento que políticamente puede leerse como parte de una estrategia de presencia territorial en uno de los municipios clave del estado. No es un dato menor, porque Bahía ya se volvió una plaza obligada para cualquier aspirante con ambición real de competir en 2027, y por ahí ya han pasado también perfiles como Geraldine Ponce y el propio Héctor Santana en actos de posicionamiento electoral.
Por ahora, el punto central de Elizabeth Blanco ha sido recorrer también el estado como una figura visible rumbo al 2027, exponiéndose ser un perfil que encaja con bastante nitidez en la hipótesis de relevo que más convendría al actual grupo gobernante si la candidatura termina siendo para mujer.
Tiene estructura, antecedentes partidistas, paso administrativo y respaldo dentro del morenismo institucional. Lo que todavía está por verse es si ese perfil alcanza para romper la desventaja de reflectores frente a figuras con mayor exposición pública y convertir la cercanía con el poder en competitividad electoral real. Es el plan B de Navarro Quintero. Y Tepic también es el plan B de la propia Elizabeth.
