Cuestionan a Pavel Jarero por acercamiento a Elizabeth Blanco en Morena
La carrera interna de Morena rumbo a la gubernatura de Nayarit empieza a mostrar señales cada vez más claras de reacomodos, mensajes cruzados y posibles fracturas entre grupos que, hasta hace poco, parecían caminar por rutas muy definidas.
Esa es la situación de lectura tras la aparición pública del senador Pavel Jarero Velázquez en un evento encabezado por María Elizabeth López Blanco, aspirante a la gubernatura y figura identificada con el grupo político del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, una situación que generó ruido inmediato dentro del morenismo nayarita.
Resulta que en un evento realizado en Estancia de los López, municipio de Amatlán de Cañas, que fue presentado públicamente como parte de una jornada nacional en defensa de la soberanía convocada por Morena aparecieron Pavel y Elizabeth, juntos al micrófono.
Más allá del mensaje institucional, la fotografía política tuvo otra lectura: Pavel no solo asistió, sino que participó abiertamente en una actividad donde Elizabeth Blanco apareció como figura central. La imagen fue tomada como una posible señal de acercamiento hacia una aspirante vinculada al navarrismo, justo cuando el propio Jarero ha construido parte de su discurso desde una postura crítica frente a diversas decisiones del gobierno estatal.
Ahí está el fondo de la polémica. No se trata solamente de una foto discreta en un restaurante o tomada descubierto la reunión, ni de una visita donde nos coincidieran. Se trata de que Pavel Jarero, quien ha sido crítico de políticas y decisiones asociadas al gobernador Navarro Quintero, ahora aparece políticamente cerca de una aspirante considerada afín a ese mismo grupo, en un evento con protocolo y convocatoria previa.
Ese movimiento, aunque todavía puede tener varias explicaciones, abre una pregunta inevitable: ¿se trata de una estrategia de unidad interna o de un giro que podría debilitar la congruencia de su discurso?
El asunto también tiene otra lectura dentro de Morena. Hasta ahora, en los círculos políticos se tenía por hecho un entendimiento entre Pavel Jarero y Geraldine Ponce bajo la lógica de la definición de género: si la candidatura correspondía a hombre, el respaldo caminaría hacia Pavel; si correspondía a mujer, la ruta apuntaría hacia Geraldine.
Pero la aparición del senador junto a Elizabeth López Blanco, aunque no confirma por sí sola una ruptura, sí alimenta la especulación de que ese acuerdo podría estar perdiendo fuerza frente a nuevos acomodos.
Hasta el momento, Pavel Jarero no ha emitido ninguna explicación que justifique su presencia en dicha postal más allá de él mismo haberla publicado con normalidad y sin temor a la opinión pública.
Sabemos que Pavel Jarero también quiere ser gobernador. Por eso cada movimiento suyo será observado con lupa. Si aparece con una aspirante, se interpreta como respaldo; si se acerca a un grupo, se lee como alineamiento; y si ese grupo representa aquello que antes cuestionó, entonces la crítica se vuelve más fuerte.
En política, la congruencia no solo se mide por lo que se dice en tribuna o en redes sociales, sino también por las compañías, las fotografías y los momentos elegidos para aparecer públicamente.
Elizabeth López Blanco tampoco es una figura menor en esta ecuación. Su cercanía con el navarrismo la coloca dentro de una corriente que busca mantener presencia e influencia rumbo al 2027. Por eso, la presencia de Pavel en su evento no fue vista como una coincidencia territorial, sino como una señal hacia los distintos grupos que ya compiten por quedarse con la coordinación estatal de Morena.
La crítica mesurada apunta a un hecho concreto: Pavel Jarero aún no ha pedido licencia al Senado y, pese a ello, ya se mueve con claridad en territorio político-electoral. Aunque formalmente puede participar en actividades partidistas, el mensaje público genera ruido porque ocurre en un momento donde Morena Nayarit todavía no tiene una definición cerrada y donde cada acompañamiento puede interpretarse como adelanto de la contienda interna.
Por ahora, Pavel Jarero queda colocado en el centro de una discusión incómoda. Si su presencia con Elizabeth Blanco fue solo parte de una actividad partidista, tendrá que cuidar mejor el mensaje político que proyecta. Pero si se trata de un reacomodo real hacia el grupo cercano al gobernador Navarro Quintero, entonces el senador deberá enfrentar una crítica más seria: la posibilidad de que su discurso crítico pierda fuerza frente a sus propias alianzas. Lo cierto es que la imagen ya agitó las aguas internas de Morena y dejó claro que, rumbo a 2027, las lealtades empiezan a ponerse a prueba.
